El nacimiento del príncipe azul

Ocho meses después de la unión (forzada por cierto) de Manuel García (mejor conocido como Manuel Darío) con Rosa Sarmiento, nación Rubén Darío. Así mismo lo dictó el máximo poeta universal nacido en Nicaragua: «El matrimonio de Manuel García, diré mejor de Manuel Darío – y de Rosa Sarmiento- fue un matrimonio de conveniencia, hecho por la familia. Así no es de extrañar que a los ocho meses más o menos de aquella unión forzada y sin afecto viniese la separación. Un mes después nacía yo en un pueblecito, o más bien aldea, de la provincia, o, como allá se dice, departamento de la Nueva Segovia, llamado Chocoyos y hoy Metapa».

Rubén Dario y Rosa Sarmiento

Cada año Doña Josefa Sarmiento viajaba a León a comprar suministros y mercaderías. Aprovechaba el viaje que hacían comerciantes vecinos para emprender un viaje que a siete kilómetros por hora llevaba toda una eternidad para ir desde Matagalpa a León.

La odisea del parto

Ese año de 1867 Doña Josefa viajaba con Rosa Sarmiento. Ambas iban embarazadas, pero Rosa ya estaba en el último mes, próxima al alumbramiento. En el segundo día de viaje Rosa Sarmiento rompió fuente (producto de los movimientos bruscos de la carreta y del cansancio del viaje) y entonces doña Josefa tuvo que buscar una partera para que atendiera la llegada del pequeño varón.

Doña Josefa Sarmiento era partera también, pero estando en cinta confió mejor en la destreza de Doña Agatona Ruiz de Gutiérrez.

El parto fue un poco complicado. Rubén Darío ya venía bien cabezón desde pequeño, por tanto a Rosa Sarmiento la partera le dio camíbar con liquidámbar. El primero es un árbol que los antiguos indígenas usaban para prevenir infecciones y el segundo otro remedio de la medicina tradicional para los dolores. A Rosa también le proveyeron de un mecate, que amarrado a una solera, sirvió de soporte para que «pujara más fuerte».

Cuando ya hubo coronado la cabeza, la partera con un cuchillo caliente (al rojo vivo) cortó el cordón umbilical y aplicó presión tanto al ombligo del niño como al cordón cortado de la madre, para evitar infecciones.

Al niño le limpiaron con camíbar y liquidambar su ombligo y boquita. Y después le dieron con un chupón miel de jicote diluida con agua hervida. A la madre del bebé se le dio la tradicional comida del norte, cuando las mujeres acaban de «aliviarse»: tortilla con cuajada, acompañada de pinolillo caliente. La creencia es que el pinolillo caliente hace que «baje la leche» más rápido para amamantar al recién nacido.

Descanso, cuarentena y bautizo

Después de unos días, Jose, Rosa y el bebé Rubén llegaron a Olominapa. Una pequeña villa rural en donde Josefa Sarmiento tenía familiares. Allí dispuso que Rosa Sarmiento pasara la cuarentena. La llegada a Olominapa se dio el 25 de enero de 1867.

El 28 de febrero llegó Rubén partió hacia León, en una canasta y a caballo, cargado por su tío abuelo Félix Ramírez Madregil

El 3 de marzo de ese mismo año fue bautizado, en la misma catedral donde sus restos reposarían años después, como Félix Rubén García Sarmiento. Pero ya desde Olominapa a Rubén le decían Rubén Darío, su nombre desde que la partera cortó aquel cordón umbilical con el cuchillo al rojo vivo.

Según un artículo de El Nuevo Diario, en el Valle de Olominapa se habla de Rubén Darío y de Rosa Sarmiento como familiares. Los viejos dueños de esas tierras coinciden en que el niño Rubén era llevado de manera asidua a esa finca de Olominapa, donde cuarenta días después de nacido lo llegó a traer Félix Ramírez Madregil.

Bibliografía: